Mes: mayo 2011

La cocina de mi jefa

Una frase que ha dicho la jefa hoy y que me ha llamado la atención: “los días que vuelvo a casa y aún tengo ganas de hacer la cena es cuando me siento jodida. Porque sé que aún podría haber dado más y haber ganado más”. Mientras seguía disertando, excitada, pensé yo que cocinar, algo tan básico para la vida, en el caso de mi jefa constituía un lastre para el desarrollo profesional y por supuesto económico de uno mismo. Algo tan orgánico, tan ligado a nuestra naturaleza animal y vital como es el preparar nuestros alimentos, enfrentado al poderoso dinero. La vida contra el trabajo en vez del trabajo dentro de la vida. Los bolsillos de mi jefa producirán el tintineo celestial de las monedas al chocar, pero su estómago seguro que entona el lamento eterno de no conocer otra cosa que comida fría o precocinada. Espero que mi jefa no tenga hijos, o que éstos ya cocinen en su lugar. Los billetes son bonitos, pero no se pueden comer.

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El cojín

Me despierto de un susto con la alarma del móvil. Lo apago inmediatamente, al mismo tiempo que recuerdo qué día es y por qué está la alarma puesta. También recuerdo cuántas horas llevo durmiendo y entonces mi sueño encuentra una justificación y me abandono a ella para seguir durmiendo.

Abrazo la almohada. La aprieto contra mí, fuerte. La atrapo con las manos, la cabeza y los brazos. Su contacto me consuela. Me refugio en ella. No quiero salir de aquí, a enfrentarme con el día que me espera, con el mundo. Tomo conciencia de ello y hundo mi cabeza con más fuerza aún. La quiero. La AMO. Es lo único bueno que hay en el mundo. Recuerdo cuando era pequeño, muy pequeño, y, por las mañanas, mi madres se iba al trabajo y me dejaba solo. Bueno, imagino que alguien se quedaría conmigo. Pero mi madre se había ido, y yo me sentía absolutamente solo, pequeño y desgraciado, rodeado de cosas que el sol aún no había conseguido calentar. Recuerdo esa sensación y creo que el abrazo que le doy ahora a la almohada es el mismo que le daría a mi madre para que no se fuese nunca. Y la almohada responde con el calor de una madre.

No sé cómo he conseguido levantarme hoy.