Mes: octubre 2011

Necesidad de Escribir

Aunque sólo sea esta frase.
Escribir sin ningún tipo de romanticismo mediante. Como ejercicio para garantizar mi futuro.
Escribir para comer.
Escribir con todo el romanticismo del mundo mediante. Sin excusas, en un alarde de vanidad.
Escribir para plasmarme; porque soy una montaña de palabras. Para recordar y evocar.
Para romper las paredes de mi cráneo y permitir a la mente volar, inventar, vomitar y aliviar las tripas. Y para dejar que otros entren, aunque se espanten del holor a humedad. Porque leerme es una buena forma de que me quieran y que no me lean la mejor de las indiferencias.
Escribir para hacer ventanas en las pareces de mi habitación y ver todo el mundo en un papel.
Escribir para vivir en el futuro y en el pasado.
Escribir porque hay días que no hay otra forma de respirar.
Escribir por la emoción o por la razón. O para el trabajo de mañana. Con lentitud o con exaltada furia.
Escribir por escribir. Escribir para demostrar que sé escribir. Escribir para contar mi vida, aunque no le importe a nadie una mierda. Para dejar la crónica de uno más que pasó por aquí.
Escribir algo, para tener algo que tirar a la basura.
Hacerlo en todas direcciones, poco o mucho, para otro o para mí.
Escribir para leer mejor y comprender mejor y crecer.
Escribir los sueños, escribir con fiebre, drogado, insomne, enamorado, hambriento, uraño, aburrido, con esperanzas o por venganza.
Coger el boli, la pluma o el pc aunque sea para rellenar este blog, una nota, los documentos burocráticos, o las encuestas, o la lotería, o para firmar, o escribir y tachar.

(Positivistas)

Insultar a los positivistas, o anotar los resultados de sus experimentos empíricos; refutar a los positivistas, contextualizar el movimiento positivista y dar muerte al positivismo; apoyar al positivismo o contradecirlo, o peor, elogiarlo; expandir el positivismo, difundirlo, o ampliar sus límites y mejorarlo; describirlo, o simplimente resumirlo, o esquematizarlo en un listado de autores y obras e influencias, o copiar la Wikipedia y responder a una pregunta de examen; resumir el mundo, las personas o a ti mismo desde un positivo punto de vista; hacer una lectura del pasado, explicar el presente y avanzar el futuro con métodos positivistas. Pero todo, en fin, sería escribir.

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El viejo alemán que vi en el Straycats

Se ha quedado sin compañía en el sofá que se encuentra enfrente del mío. Se ha liado un piti con tranqulidad, y le ha dado unas primeras caladas aún más tranquilas. Con la espalda bien apoyada en el respaldo y un codo echado hacía atrás, mirando sin mirar la pared de enfrente, ha echado el humo despacio, saboreándolo. Se nota que el hábito del tabaco del viejo alemán se remonta más allá del vicio, aunque sea el vicio el culpable de su continuo carraspeo y de que al reír suene como un fuelle viejísimo. Pero por muy agusto que estuviese, ha prefirido irse, porque total, para estar allí en el hall del hostal sin hacer nada, se va a su habitación y se tira en la cama mientras mata lo que le queda de cerveza. Así que se ha inclinado para coger su abrigo, un abrigo ligero como otro cualquiera, de tienda deportiva, verde fosforito, en el que yo ni siquiera he reparado. Se lo ha puesto por encima, sin darse cuentra de la gran contradicción que encerraba el contacto de las telas de su chupa vaquera y el plástico del abrigo. Qué diferentes. La una, descolorida por el paso del tiempo, en consonancia con la barba del viejo (al que parece que le metieron la cabeza en lejía al nacer), testiga de mil historias que el viejo corrió embutida en ella; al otro, sin embargo, sólo le falta llevar colgando la etiqueta del Decthlon donde parece que lo compró ayer mismo. Y va y se embute en los dos, lo que es para mí como una declaración de pragmatismo. Se levanta, me mira a través de sus gafas brevemente y se despedie. Al irse, observo que, a pesar de ser finales de octubre y esto estambul, va en chanclas. Con dos cojones.
A poco de irse de allí llega una rubia de pongamos dos metros que lleva unas gafas de cristales muy grandes. Se sienta donde antes ha estado el horrible abrigo verde del viejo y se pone a hablar por el i-phone. Esto es la sala común del Straycats, en Estambul.