Mes: febrero 2015

Reseñas literarias (V): Pienso para perros, de Luis Martínez de Mingo

Hay reseñas que uno siente que deben hacerse al momento de haber terminado el libro en cuestión. Acaso sea que ése libro logre conectar la intimidad del autor con la emoción del que lee, si no con su propia intimidad también. Tal vez sea que esa inesperada afinidad cree una deuda que obligue a escribir una reseña no mala o buena, sino honrosa, y por lo tanto, al tiempo en que aún se siente el escocer que ha producido su lectura. Pienso para perros es uno de esos libros y esta que viene a continuación es una de esas reseñas, cuya presurosa redacción también responde al motivo más prosaico de que como no la haga ahora ya no la hago (como me ha pasado con al menos dos reseñas en lo que llevamos de año de las que no hay escrita ni una palabra).

No es mi intención retardar esta reseña parándome, de nuevo, a comentar la portada del libro, pero es que Pienso para perros tiene una de las portadas más feas y, a mi corto entender de esto, peor diseñadas que he visto nunca. Calvos no se quedaron colocando el título.

JODER

JODER

Pienso para perros es un dietario. Para el que no lo entienda, un libro de notas. Para el que siga sin entenderlo, es como si su autor, Luis Martínez de Mingo, en vez de hacerse un blog, como hacemos todos hoy en día, se hubiese puesto a escribir las cosas que se le pasaban por su cabeza despejada en ese soporte tan anticuado que creo recordar se llamaba papel, y luego lo haya publicado. Hay aquí pequeñas ficciones, recuerdos, comentarios, aforismos, citas, sonetos, artículos, todos ellos colocados seguiditos uno detrás de otro sin ningún orden temático, formal, argumentativo, ni siquiera podríamos asegurar cronológico. En puridad, eso es Pienso para perros.

Pero a medida que van pasando sus entradas descabaladas, va el lector hundiéndose en el humus vital del escritor. La repetición de algunos motivos, como las mujeres, la amistad, la soledad, los escritores o Rafael Azcona nos marca el camino hacia las dos realidades que dan sentido al libro: el paso del tiempo y el propio autor: Luis. Son dos orillas de un río que cruza el libro. Un río en el que el lector cae y es arrastrado por sorpresa, antes de haber escuchado el rumor de sus aguas.

Este libro, escrito en el tono informal y despreocupado con que se anotan las ocurrencias, está cargado de poesía. Una poesía que no es estilo, ni es elección, es la poesía necesaria para reflexionar sobre lo que hace el tiempo con nosotros. En este libro está captado ese momento de la tarde cargado de aromas de infancia que no es de nadie; el momento en el que nos parece poder apartarnos del correr del tiempo e identificar en la luz del cielo la luz de todos los días.

En cuanto a la otra orilla, Pienso para perros tiene el mérito de que, siendo tan ecléctico y tan fino (118 páginas), es suficiente para que comprendamos la personalidad de Luis, en toda su compleja singularidad, y sobre todo, en lo que hay en él que pertenece a todo hombre. Entonces la lectura se dispara en dos direcciones diferentes. Por un lado la del dietario trufado de anécdotas y reflexiones dispares. Por otro lado la del retrato de un hombre desde un momento retrospectivo de su vida. Un retrato que resulta tan cercano que no es posible no intentar en cierta medida mirarse en él, y reconocerse.

MEJOR ESCENA: Por ejemplo, su reflexión tras las muertes de Bolaño y Manuel Vázquez Montalbán.

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