Mes: noviembre 2015

Cansancio

-¿Conoces esa sensación de cansancio, cuando has estado trabajando toda la noche, sin apenas dormir, y al día siguiente debes seguir trabajando, manteniendo el tipo? Cuando te duele la cabeza, las piernas y los ojos, y sientes las palpitaciones de tus sienes, y el dolor de piernas te hace inconsciente de tus pasos y te da la impresión de que te elevas un poco sobre el suelo porque tus ojos secos no son capaces de contemplar bien el mundo.

Luis permanecía sentado en su butaca-sillón verde, mirando fijamente un punto de la pared. Sus brazos y piernas, quietos, parecían haber sido colocados cuidadosamente sobre el reposabrazos y sobre la parte baja del asiento. Realmente todo su cuerpo y su figura se encontraban totalmente inmóviles, aguantando una laxitud que se convertía en tranquilidad a los ojos de quien le mirase. Tan sólo se movían sus labios, su lengua y su dentadura bien conservada cuando hablaba a su nieto, Daniel, que permanecía sentado a su derecha, observándole extrañado.

-Sí, lo sé, claro.

Su abuelo le respondió con el silencio, sin inmutarse y sin dejar de mirar la pared pintada de color crema. Daniel pensó que podría derribar esa pared a golpes, delante de sus narices, que él seguiría mirando exactamente en el mismo punto. Sus ojos lagrimeaban, como siempre, y pestañeaban mucho. Daniel lo volvió a intentar:

-¿Por qué abuelo?, ¿está cansado?

Adivinando la respuesta, Daniel se levantó y se dirigió hacia él con la intención de extenderle una manta por encima.

-Sí.

Había algo raro en ese sí.

-Bueno, pues ahora te echas un rato y descansas…

-No, Daniel –Daniel se detuvo, a medio camino entre su abuelo y la silla en la que había permanecido sentado-. No es eso. Es que siempre tengo este cansancio. No me deja. Y siempre me duelen las piernas.

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