Poemas basura

Tu risa

En el principio de tu risa está lo mejor de ti.
En el momento preciso en que ella se decide,
avanza, se muestra, te desvela,
se aparta apareciendo para que te vean,
te impulsa hacia delante, en ese momento
en que se espiga hacia arriba,
en que los dedos de los pies de tu risa
dejan de tocar la tierra,
para saltar, y hundirse y volar
y llenar toda la estancia de ti,
de tu música, de lo que llevas dentro,
de aire, de luz clara.
Ése último momento en que decide ser ella,
decide ser tú, para arrastrate elevándose.
En ese momento aún nada está pasando,
todo está a punto,
queda un segundo para el big bang.

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Mi hígado que te quiere tanto

Este poema lo escribí hace como dos años, cachondo perdido. Llevaba mucho tiempo pensando en si compartirlo o no con ustedes. Al fin, el aburrimiento de esta tarde dominguera me ha animado. No creo que pueda mejorarlo.

Yo me bebí los vasos de ginebra
en los que decías que te ahogabas.
Ahora mi hígado procesa el alcohol
que tus brazos no nadaron.

Ahora sé por qué te quiero tanto.
Porque te quiero con mi hígado.
Llevo dos kilos de amor
en el centro de mi cuerpo.

Dos kilos de mí
que en el centro de mi cuerpo
no dejan de pensar en ti.

Cuando te veo, me emborracho,
cuando me emborracho, te veo.
Y si te acercas,
mi hígado palpita más fuerte.

Tengo el hígado castiado como un boxeador.
De alcohol, por los vasos que me das.
De amor, por los besos que me niegas.

Los dos bebíamos cerveza
deshojando un tiempo de horas muertas
pero sólo mi hígado procesaba
el amor que bebíamos los dos

Luz

-Tienes que irte.

-¿Por?

-Va a venir gente.

-¿Gente?

-Familia.

Se desperezaron, salieron de la cama. Se vistió. Ojeó algún mensaje en su móvil. En la puerta, el beso fue torpe. Luego él entró en la cocina, y mientras se rascaba, examinó la pizza congelada que iba a prepararse.

 

///////

 

La luz lechosa de la madrugada

entra ya por todas las ventanas.

Escribo versos que no dicen nada.

Y, derrotado, llego a mi cama.

 

Aymedueles

“Aymeduele” como palabro*. Como sustantivación de una expresión exclamativa de dolor. Tomemos su plural: Aymedueles. Fijémonos en lo que ha pasado. Aymedueles es el plural de un sustantivo que acabamos de crear -(Aymeduele)s-. Pero a la vez hemos conjugado sin proponerlo la segunda persona del verbo con que lo componemos -(duele)s-. Aymedueles. Tenemos un poema encerrado en una palabra:

Aymedueles

Me dueles tú.

Me dueles muchas veces

 

 

*La invención de este palabro no es idea mía. Lo he extraído de un poema de Juan Gelman

Sombras y reflejos

Tantas sombras trepando
por las vigas de la biblioteca
Tantos reflejos cruzando
el cristal de mis gafas
¿Será alguno el tuyo?
y si no
¿En qué vigas,
en qué suelos,
en qué baldosas,
en qué arenas de qué parques
trepa ahora tu sombra?
y si no
¿en qué cristales,
de qué gafas,
de qué marquesinas,
de qué charcos,
de qué ojos de qué niño
se congela tu reflejo?

Dime por qué he de olvidarte
si yo aún te veo
trepar, cruzar, congelar.

Solo camino

Una noche perdí el Mp3.
Ahora soy yo quien canta por la calle
Y las farolas giran sus cuellos
a oir mi voz pasar.
Y cuando me he ido
sé que se guiñan:
“Este va solo.
A casa solo”
Pero una noche me quedé sin Mp3
(lo cambié por dos liras)
Y ahora soy yo quien canta.
Porque no dejo nunca,
y siempre solo,
de llegar a casa.
Pero una noche llegará
que descubra tu compañía.
Dejaré de cantar
porque ya estaré en casa.
Y cuando pasemos
las farolas disimularán.

Piernas

Bonitas piernas, in The Metro, MONTSE SABAJANES
Fuente: http://www.flickr.com/photos/bischita/5350077324/

Una razón para no suicidarse.
Yo elijo vuestras piernas, mujeres.
Paraíso paralelo
que une tierra y cielo.
Las que lucís, mujeres
Sin complejos de diosas,
con sencillez dolorosa,
Las que me encuentro en los trenes.
Las que ponen en marcha
el aire en que se enganchan
cuando corren en los andenes
intentando coger metros
donde habitan rostros muertos,
y sentimientos satenes
astillan miradas huérfanas.
Como la mía en las mañanas
que no me confunden vuestras piernas,
mujeres.

Chim———Pón!