Mes: noviembre 2016

Ya todos amamos a Iago Aspas

Hacia el final de la noche de asco y desidia que se comía en el equipo español llegó un balón a los pies de Aspas. Fue como una gota de luz en un charco mugriento. Fue, en los últimos estertores del partido, una palabra de consuelo. Aspas había estado medio partido en el banquillo pero había estado allí desde el primer segundo. Aspas había nacido en ese punto del estadio de Wembley para recibir ese balón y hacer lo que había que hacer con él. El pie de Aspas recibió el balón con maternal familiaridad. Entonces el jugador emprendió una gloriosa y templada carrera dirección a la meta. Los pasos de un hombre tranquilo que sabe lo que hay que hacer, que sabe lo que va a pasar. “Avanzaré hasta allí, amagaré, me pararé, la golpearé así y entrará por allí”, todo eso parecía decir el cuerpo de Iago Aspas, telegrafiando a través del brazo izquierdo con que mantenía en equilibrio su figura un poco inclinada. Un hombre haciendo destino, trayendo destino hacia sí. Un hombre sacando brillo a su libertad por ser hombre, la libertad de llevarle la contraria a una mala noche. Un hombre armado del convencimiento de estar a punto de parir un gol con la limpieza de un teorema. Como el amante que acerca sus labios al cuello de la amada, su pie rodeó la pelota sin distanciarse de ella. Cuando el balón salió despedido de las botas de Aspas con el estallido de un beso, todos sabíamos que ésa era la salvación moral y estética de la noche, de la semana, y que la fealdad precedente no quedaría sin cobro. Que el balón entraría como entró porque la tristeza y la sordidez no pueden reinar sin resistencia en nuestros corazones, aunque puedan entrar en la Casa Blanca. Wembley recordará.

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Cuajo

Ramón Espinar en rueda de prensa el pasado 2 de noviembre

Ramón Espinar en rueda de prensa el pasado 2 de noviembre. Fuente: pantallazo extraído del vídeo de la rueda de prensa de la cuenta de Youtube de Unidos Podemos

Lo llevan claro los españoles si estos son los que han de tomar el relevo. Bien está que sean jóvenes, ese pecado lo hemos cometido todos y no cabe arrepentimiento alguno por ello. Lo que no se puede admitir es esta bisoñez, esta falta de aplomo ante las cosas de la vida. Porque ¿de qué otra forma podemos llamar al asunto de Ramón, Ramoncito? Se compra un piso de VPO y lo vende sin haberlo utilizado y se saca un dinero. Nada que no hayamos visto hacer a amigos o vecinos o que no haya hecho uno mismo. Y por esa tontería ¿hay derecho a aguantar el espectáculo de contrición y lástima que nos regaló la semana pasada?

Llegó a la sala y antes de que se sentase todo el mundo sabía que había dormido tres horas con suerte. Que había pasado la noche intentando recordar cómo ocurrió todo, si era entonces consciente de que tenía información privilegiada, y de que lo que iba a hacer se llama especulación. Que no había no había desayunado ni medio café, atormentado por el peso del pasado. Me río yo de ese pasado, ¡si no tiene!

Para pasado el de la gente del PP o del PSOE andaluz: años y años de contratos amañados, fondos desviados, comisiones y mordidas. Y sin embargo, comparen ustedes mismos la naturalidad con que Mariano te suelta en el Congreso una gracieta sobre los SMS a Luis con el ejercicio de autoflagelación gratuita de Ramoncito. Comparen la sencillez con que consejeros de cajas públicas le dicen al juez que ellos no tenían ni puta idea de cómo funcionaban esas cosas, ni de lo que estaba pasando, con el artificio de este chico intentando contar durante una hora (¡una hora!) lo que le pasó con veintiún años. Como si no supiésemos que con veintiún años no te enteras de nada, que firmas donde te dicen tus padres y luego te vas de fiesta a intentar follar todo lo posible, que es a lo que estamos con veintiún años.

Recuerdo cuando yo empecé mi carrera. Todos los días pensaba que me iba a comer el mundo. Y el mundo no sé, pero el país sí nos lo comimos bien, a golpe de recalificación. Claro que también eran otros tiempos. Ahora todo el mundo está muy sensibilizao con el tema de la corrupción, y por Internet te montan un pifostio por cualquier cosa. Pero ante todo está la profesionalidad. Sí, la profesionalidad, porque un político ha de ser profesional en todos los órdenes de la vida. No puedes ir con cara de pena a dar una rueda de prensa y que los micros de ambiente de las cámaras graben el ruido que haces cada vez que intentas tragar saliva. Porque entonces lo que le estás diciendo a la gente es que eres un mierda. Y la gente no vota a un mierda, vota a un lobo. No me preguntes por qué, pero es así.

Lo que más me fastidia es que Ramoncito es hijo de Ramón, el consejero. Entiendo este espectáculo en alguien como el Zapata ése, que no se sabe de dónde ha salido (por escribir unos chistes no sé dónde, que también manda cojones). Pero que se comporte así el hijo de un consejero, alguien que quieras que no ha crecido familiarizado con el tufo de los tejemanejes, es una vergüenza para los que amamos este oficio. Al día siguiente dijo frente a las cámaras que “había tenido días mejores”. Yo creía que el cuajo era algo que se podía aprender, aunque los de mi generación lo tengamos como si hubiésemos nacido con ello, pero visto lo visto empiezo a dudarlo.