Mes: julio 2015

En la repetición me hallaréis (panegírico a Iker Casillas)

Si la selección española de fútbol tiene una estrella en su camiseta es gracias a la estrella que siempre acompañó a Iker y le permitió parar el balón de Robben en el minuto 62. Ésa es casi con seguridad la parada más importante en la carrera de Casillas. Sin embargo, la que más me impresionó a mí fue la que realizó en el Sánchez Pizjuan frente a un Perotti que creía, como creíamos todos, que disparaba a puerta vacía.

Ningún ojo vio en directo lo que había hecho Iker. Puede que fuese el único momento en la historia de la televisión en que la repetición sirviese para ver algo por primera vez. Más que una parada, fue un disloque en el transcurso del tiempo, como si en esa carrerilla que hace de un palo a otro Iker corriese un milímetro hacia atrás la cinta del tiempo. Por un instante el balón ya había sido gol, las gradas ya habían estallado, los espectadores merengues nos lamentábamos, los jugadores del banquillo del Sevilla ya habían salido con los brazos en alto.

Las paradas de Iker eran así, imposibles, no por la dificultad en sí, sino porque paraba balones que, leyes temporales en mano, ya habían sido gol. Por eso dejamos de llamarlas paradas y empezamos a llamarlas milagros. Y a él, santo, o Dios. Lo que quería decir que no sólo admitíamos la existencia de milagros, sino que la admitíamos en una variedad mucho más rica que nuestro léxico.

Jesucristo al andar tocaba el agua, y Casillas tocaba tiempo

Iker Casillas fue el mejor portero del mundo durante muchos años porque mientras el resto de porteros del mundo evitaba goles, él los deshacía. Por eso no había discusión. Por eso no significa nada el dato de que sólo ganase el Zamora una vez. Por eso, porque sabíamos que había que esperar a la repetición para terminar de ver una parada de Casillas por primera vez, no dábamos crédito a que se le acusase de no entrenar duro, de no pasar más tiempo en el gimnasio. No porque no fuese cierto, que podía serlo, sino porque la acusación era absurda. El hombre que salía al campo a correr la cinta del tiempo para salvar al Madrid del cataclismo de un empate en casa no podía entrenarse corriendo sobre la cinta del gimnasio.

Jesucristo al andar tocaba el agua, y Casillas tocaba tiempo. Volvió al Pizjuan una temporada después y realizó una parada muy parecida, a la manera en que Jesucristo volvió a la vida para demostrar que era Jesucristo. Una parada menos vistosa que la anterior; un milagro uno o dos grados por debajo del anterior. Pero es que sólo alguien con tanta familiaridad con los milagros podía graduarlos.

Así fue el jugador que se despide hoy del Real Madrid. Sé feliz en tu nuevo equipo, Iker. Sé que si nos volvemos a cruzar nos harás uno de tus milagros. Nos castigarás con un milagro por los innumerables con que nos salvaste, nos quitarás un gol por los incalculables que nos diste. Y cuando terminemos de ver la repetición y lo entendamos, nos cagaremos en dios. En el otro.