Mes: abril 2015

Brevas

1
Pienso que no hay razones para escribir. Que uno escribe porque escribe, sin más, porque es su tendecia natural, por hábito o por vicio. En esto de escribir sucede antes el efecto que la causa: uno primero escribe y luego ya se inventa las razones por las que escribe. Lo digo yo, que no escribo.

2
Al empezar a correr, empezó también a escribir con asiduidad. Pronto tenía miedo de dejar de salir a correr por temor a dejar de escribir; y de dejar de escribir por temor a dejar de salir a correr. Correr y escribir se convirtieron en un motor de dos ruedas cuya energía se retroalimentaba, siendo el movimiento de cada una lo que movía la otra.

3
Esto en sí mismo no tiene por qué ser malo, lo malo es hacerlo pretendiendo ser original, pienso cuando me percato de que cuando converso cada vez utilizo más expresiones hechas, más refranes, más chistes aprendidos de otras personas, citas de libros, tics de otros dialectos. Cada vez busco más el doble sentido, el paralelismo entre frases, la referencia cultural, el retorcimiento del sentido de las palabras, la luxación de la frase. Me percato de que lo hago con cierta querencia de público, de que se graben mis ocurrencias en piedra, papel, o tijera, de que no busco el diálogo sino la conferencia, de que, en resumen, me voy convirtiendo dialecticamente en un gilipollas.

4
El miedo te impide tomar decisiones, y su peor consecuencia se constata cuando, no sintiendo especial miedo, igualmente eres incapaz de tomar una. Porque, tras mucho tiempo sin tomar decisiones, acabas desconociéndote a ti mismo y llega el punto en que no sabes qué harías aun si no te importase tomar la decisión incorrecta.

5
Antes de recordar de qué hablábamos, me acojono durante un segundo al leer el último mensaje de una conversación de Whasap con un amigo. El mensaje lo mandé yo y decía: “Nadie”

Anuncios