Mes: mayo 2012

25/04 A veces te despiertas y tienes que fregar

08:45

Suena la alarma: pi-pipipipí…Tienes demasiado sueño. Calculas que si te despiertas ahora habrás dormido dos horas y media. Menuda noche de insomnio, con los pensamientos de toda índole cruzando constantemente tu mente y el corazón golpeándote con fuerza en el pecho, con el nerviosismo de tres tés tomados demasiado tarde. Si lo hubieses sabido, podrías haber aprovechado las tres horas que estuviste intentando dormir. Pero no lo sabías; no hay nada de qué culparse. Tan sólo dos horas y media de sueño. Piensas que no puede ser cierto. Una de dos: o no es cierto y lo estás soñando o, aunque sea cierto, puedes permitirte tumbarte y volver a dormir. Pero sí es cierto, porque hace un momento has apagado el móvil; y no puedes volver a dormir porque recuerdas que tienes clase a las diez, y, aunque eso no sea un factor muy relevante a la hora de despertarse o no, recuerdas que te prometiste que esta sería la mañana en la que terminarías con la racha de noches despierto, de acostarte de madrugada y levantarte a la tarde, en un incendio que ha ido transmitiéndose día a día. Si no te despiertas seguirás alimentando la dinámica de vampiro de vivir de noche, comer a las doce, aguantar dolor de tripa, salir, beber cerveza, ir al baño con urgencia… Está siendo un destrozo y hay que pararlo, así que:

08:57

Te quedas un momento de pie en mitad de la habitación, restregándote los ojos, que escuecen. Han pasado doce minutos desde que el reloj sonó. Te propones cruzar la puerta de tu habitación y afrontar el día.

Efectivamente, cruzar la puerta de la habitación es como un punto de no retorno y según los supero empiezo a hablarme en primera persona, como hacen las personas normales cuando hablan consigo mismas. El día ha comenzado. Ya es irrevocable. Voy al baño y echo la meada matutina de rigor.

Salgo. Los ojos me escuecen, y no es que esté de muy ben humor. Así que pienso en aquello que parece ser lo único que me da ánimos para escalar este día: el desayuno. Un tazón de leche caliente con cereales me va a venir de puta madre.

Voy para la pila en busca del cazo, que está enterrado bajo otros cacharros sucios. ¡Mierda! El cabrón del sirio lo dejó tal cual después de cocinar anoche. Aún tiene restos gelatinosos de la porquería de sopa de sobre que se preparó. Esto es lo que más me jode. Porque el tío el otro día vino y me dijo que limpiase el cazo después de usarlo, que luego le tocaba a él limpiarlo. A mí no me jode limpiar el cazo. Lo que me jode es que no ve que no es lo mismo limpiar los restos de la leche que me caliento que la gelatina esta asquerosa que antes tengo que rebañar con una cuchara.

Me estoy poniendo de mala hostia, y así no hay quien se enfrente a un día después de semana y media de autodestrucción y trastocamiento absoluto del reloj biológico. Me solidarizo conmigo mismo y pienso que, si después de dormir sólo dos horas y media lo primero que te depara el día es fregar lo de los demás, cualquiera se pondría de mala hostia. Termino de fregar con mejor humor. Para cuando enciendo el fogón y pongo la leche a calentar, segundos después, mi humor es ya excelente.

Me miro en el espejo del baño. El desorden de mis pelos es tal que descarto el truco de la gorra. No me queda otra que lavármelo. Tras el secado, estoy ya mucho mejor. El tío del espejo me sonríe. Hasta creo que empiezo a silbar.

Paso la leche del cazo al cuenco. Llevo el cazo de nuevo a la pila y lo examino. Joder, apenas sí se notan los bordes del nivel de la leche. Qué puto genio, qué artistada, si casi se podría volver a utilizar. Voy a despertar al sirio, lo voy a traer a la pila y le voy a decir, ¿no podrías dejarme así el cazo, que cuando no es la sopa radiactiva es restos de tomate?, o bien ¿en serio te cuesta tanto limpiar esto de vez en cuando? Cojo los cerezales y los echo en el bol. Lo renuevo todo con el cola-cao (acuario comestible, pienso) y dejo que se ablande.

Me visto. Decido ponerme mi chaqueta favorita, que es la beis heredada de mi padre. Dudo un poco pensando en qué irá mejor debajo. Puede que lo único que necesite esta chaqueta debajo sea un Arribas, joven y delgado. Las 09:14. Voy a llegar tarde. Desayuno. Me cepillo los dientes. El tío bueno del espejo me sonríe y parece que me dice con la mirada: así sí se afronta un día, joder.

Cojo las cosas y me dirijo a la puerta de casa. La verdad es que tengo ganas de disfrutar de nuevo del paisaje del Bósforo. De comprobar si la puta contaminación me deja ver el puente.

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