Deslumbramiento californiano (II): John Frusciante

Esta entrada tiene una primera parte. Si la lees, la disfrutarás más.

Hillel Slovak. Problema resuelto, por fin.

Estoy con Mera en un hostal de Estambul, tirados en la cama de la habiación, mirando vídeos por Youtube. En un momento dado, Mera me enseña la canción Under the bridge. Le confieso que me gusta mucho. No sabía que los Red Hot podían hacer una canción como esa. Ya conocía el vídeo del directo de Don´t forget me, pero quizá pensaba que esa canción sería una excepción en su repertorio.

Sí me había servido, sin embargo, para empezar a creerme lo que por otro lado no tenía mucho interés en averiguar: que el guitarrista de los Red Hot Chili Peppers era muy muy bueno. Tenía un nombre con un apellido raro, John Frusciante, y efectivamente, en ese vídeo hace una actuación muy muy buena. Se lo pongo a Mera. El tapping de John es hipnótico. También me resulta hipnótico por su vestimenta. Siempre me han encantado las camisas de franela de cuadros y lo de llevar la manga larga por debajo de la corta. También me gusta cómo le queda el pelo largo. John Frusciante se ve en ese vídeo como yo me imaginaba de pequeño que sería de mayor.

Mientras le comento a Mera mi gusto por las camisas de cuadros, pone otro vídeo de Under the bridge. Esta vez un acústico en el que Kiedis canta acompañado sólo de la guitarra en lo que parece ser un canal de Ámsterdam. Recuerdo que Mera dijo, la que le dio en esa época con llevar el mono ese cutre. Pero yo no me fijo en Kiedis, sino en su acompañante. Y pienso, sin decírselo a Mera, ¿quién cojones es? Hay un momento, hacia el final del vídeo, en que mira a cámara, y la pantalla se llena con un rostro rabiosamente joven y bello, y no es John Frusciante. Tal vez es el bajista. Hay bajistas por ahí que tocan que te cagas la guitarra. Pero tampoco me convence esta explicación, y cuando Mera pone otro vídeo, siento que me he quedado con la sombra de un misterio irresoluto.

Así que cuando descubro que los RHCP tuvieron otro guitarrista antes que John Frusciante, pienso que, cinco años después, he resuelto el misterio. Tecleo en Google Imágenes “Hillel Slovak” y aparecen mil versiones de un rostro rabiosamente joven, pálido y alargado. Demasiado alargado. Tras unos minutos más de fotos y vídeos me rindo a la evidencia de que él tampoco es el guitarrista del vídeo. Y ahora que me fijo en el bajista, tampoco puede ser.

Decido meterme en Wikipedia, y cotejando fechas, ver quién era el guitarrista del grupo cuando sacaron Under the bridge. Era John Frusciante. El tío del vídeo (de los dos vídeos) es John Frusciante.

Me cuesta reconocer a la misma persona en esos dos rostros. Pero hay otra cosa que me convence de que ambos son John Frusciante, y por la que empiezo a entender la admiración que genera este músico. Lo que al principio creía que era una afinidad casual (o digamos envidia) por su estilo, es algo más profundo. John Frusciante tiene algo. Es una aura, una sensación extraña en quien lo mira. John es de esas personas que sin hacer nada inspiran simpatía. Quieres tenerlo cerca.

Pero en esto también hay diferencias entre el John joven y el maduro. El primero me produce una atracción, casi homosexual, una atención que no sé explicar. Me fijo en la forma de su cabeza, en su jovialidad cuando habla, en la rotundidad de sus pómulos y labios. El John maduro que toca Don´t forget me me produce otras sensaciones: una mezcla de reverencia, seguridad y calidez. No sé si es por su melena, o por su dentadura blanca cuando abre la boca durante los solos. En todo caso John Frusciante, la figura de John Frusciante, provoca una fascinación tan repentina y fuera de sentido que su habilidad con la guitarra, ya sea componiendo una gran canción como Under the bridge o realizando en directo una ejecuión brillante, queda en segundo plano.

¿Qué tiene Frusciante?, ¿cuántos Frusicantes hay? Preguntas que me obligan a visitar por enésima vez la Wikipedia. Y otra vez me encuentro en ella el ingrediente que no falta en ninguna banda de rock importante, pero que en el caso de los RHCP parece el impulso que ha levantado y mantenido la historia de la banda: me encuentro más muerte.

En 1988 la banda atravesaba la muerte traumática de su joven fundador. La banda podía desaparecer. La banda no sabía aún que esa muerte era necesaria para que los RHCP fuesen lo que han sido. Lo único que sabían es que había que encontrar otro guitarrista, y que ocupar el puesto que había dejado un músico de las características de Hillel Slovak requería algo más que un sustituto. John tenía sólo 17 años cuando Flea, el bajista, lo conoció. La primera vez que lo vio pensó que era un clon de Hillel. Tocaba como él y compartía su filosofía vanguardista. Era un fanático de los Red Hot y tenía idealizado a Hillel. Incluso guardaba cierto parecido físico (esa palidez, esos pómulos, esos labios gordos). John era un gran músico que aún estaba por nacer, y la versión viva de un gran músico que acababa de morir.

Es difícil disociar a Hillel Slovak del John Frusciante joven. Intentarlo es tal vez un error. El primer disco que hizo con la banda, dicen todos, fue una continuación del estilo del Hillel. De hecho grababa queriendo emularle, más sumergido en su admiración por el anterior guitarrista que en su papel de nuevo miembro de la banda. Tras el éxito mundial de Blood Sugar Sex Magic, John abandonó el grupo, recordando lo que le había dicho a Hillel tras su último concierto: que no le gustaría unos Red Hot que tocasen delante de masas. Se recluyó en California y, como antes Hillel, le empezó a dar a la heroína salvajemente.

Lo hacía por una razón muy sencilla: “me sentía infeliz, y cuando me drogaba era feliz” (cito de memoria). Lo hacía porque no tenía mecanismos suficientes con los que drenar el talento que guardaba, lo hacía porque era joven. Ni siquiera sentía culpa. En eso consistía la fuerza magnética con que atrapa tu mirada en el vídeo del acústico de Under the bridge en el que Kiedis canta con un mono cutre. En la capacidad que intuimos en esa persona de destruirse, de estar a punto de reducir a nada su talento y belleza. Sea como fuere, John emprendió un paseo con la muerte que duraría seis años.

Seis años muy jodidos que pasó recluido, yonki perdido, pintando, grabando música extraña, e incluso dos discos. Son los años de una tercera versión de Frusciante que se cobró su tributo robándole toda la salud que se le puede quitar a un ser humano sin matarle.

Pero salió del pozo más rápido de lo que nadie habría apostado. A finales de 1997 dejó la heroína radicalmente. A principios del 98 se metió en una clínica para desintoxicarse del alcohol y la cocaína. Prácticamente un mes después volvió a los Red Hot, que en su ausencia habían firmado sus años menos fructíferos. Hubo secuelas, sus brazos estaban llenos de pus por inyectarse y debieron ser cubiertos con injertos; y su dentadura, esa dentadura que me había intrigado (me dio un escalofrío al leerlo), es una dentadura postiza que le implantaron tras arrancarle la original, que amenazaba con matarle por una infección.

Con su vuelta, la carrera de los Red Hot Chili Peppers alcanzó la cima. Sencillamente, llegaron donde pocos. El reconocimiento de crítica y público es unánime. En diez años grabaron tres discos cargados de canciones donde destacan las melodías pegadizas y emotivas. Consiguieron y mantuvieron por mucho tiempo un sonido variado, transgresor y emocional.

La participación de John en las canciones de Red Hot Chili Peppers nos recuerda que detrás de la electrónica, los efectos, los versos cantados a toda ostia, y el predominio de los ritmos percutivos del funk, puede no haber más que una sencilla rueda de acordes o una escala jimihendriana. Nos recuerda que la música solo necesita dos o tres notas para atravesarte.

Venido de entre los muertos, John Frusciante, con su melena de Jesucristo, había tenido un efecto carcano a lo divino. Es como si las llamas del primer círculo del infierno lo hubiesen purificado (la metáfora no es gratuita, su casa se incendió y perdió su colección de guitarras). Como si encerrado en su casa de California, entre paredes cubiertas de grafitis, hubiese tenido una última y larga conversación con Hillel, y éste le hubiese dado las instrucciones de salir fuera y completarse como músico.

Y ahí radica su secreto, ahí la razón de que sin saber nada de él, percibas que estas viendo, oyendo, a alguien singular. Necesitamos que alguien vaya hasta donde él fue, y vuelva y nos lo cuente. Necesitamos, y estamos predispuestos, a que nos deslumbren. John es un agujero negro. La paz a su alrededor es lo que queda tras haber absorbido los mil tormentos que lleva en su interor, que no son capaces de escapar a la gravedad de su talento. Ha recorrido lo más peligroso y lo más satisfactorio de la cara A y B de la existencia. Y como tiene una guitarra, y ha escuchado mucho a Jimi Hendrix, puede contarlo.

Va para diez años desde que dejó al grupo. Siguió con su carrera, hiper-productiva por momentos. Ahora creo que experimenta con la electrónica. Está condenado a buscar e intentar aprovechar todas las opciones expresivas que la música pueda brindarle. La meditación y un enfoque muy esperitual sobre la vida le han dado un equilibro con el que mantiene a raya el agujero negro que habita en él. Aunque su música ahora no me guste, yo me alegro.

Aunque ya hemos visto lo que puede pasar con la música que en un principio no me gusta.

Fuentes: Wikipedia, Youtube, Google Imágenes y esto en portugués y en inglés mal traducido

Anuncios

One comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s