Luna (de) Miguel

Creía haber dado con una falla en mi cerebro (otra más), una especie de bug en mi sistema operativo, que me impide aprenderme el nombre de Luna Miguel con tranquilidad, tal cual, sino que me obliga, siempre que la nombro o pienso su nombre, a añadirle un “de” que antecede a su apellido. Luna Miguel es una conocida, joven, poeta española. No tan conocida porque tenga muchos lectores, porque ni Dios lee poesía, sino por la popularidad que se ha sabido labrar en las redes desde hace bastantes años ya, a base de la exposición de su persona/figura/imagen. El caso es que anoche me encontraba en un pequeño grupo de gente y empezamos a hablar de Luna, ya digo, no porque la leamos, ni porque seamos especialmente maliciosos, sino porque de Luna toca hablar de vez en cuando. Luna es la única referencia sobre poesía joven española que tiene el gran público, y así como hace un par de años hablábamos de Podemos para hacer como que estábamos al día de política, así se sigue hablando de Luna: para mostrarnos menos ignorantes, que es lo mismo que para reunirnos y tocarnos en nuestra ignorancia. De Luna no se habla ni bien ni mal, se dice lo que cada uno sabe, que es lo mismo que sabe el resto, y se da la conversación sobre poesía española joven por terminada. Pero resulta que de las seis personas que ahí estábamos nadie mencionaba a Luna Miguel sino a Luna DE Miguel. Yo escuchaba, “Luna de Miguel esto”, “Luna de Miguel lo otro”. Así que me quedé bastante silencioso, intentando recordar si la falla en mi cabeza consistía en que le añadía a Luna un “de”, o en que se lo quitaba. Estaba tan confuso, que ahora incluso tengo la duda de si no me lo estaría imaginando, pero en verdad os digo que tampoco había bebido tanta cerveza. Cuando por alusiones (cómo nos mola esta expresión últimamente) no me quedó otra que intervenir en la conversación, preferí hablar de Luna, a secas, pues ya no sabía cómo se apellidaba de verdad Luna ni cómo la suelo llamar yo. Decidí aplazar la resolución del enigma al día siguiente. El día siguiente es hoy y, efectivamente, Luna Miguel se llama Luna Miguel. Esto, claro, es una mierda de hallazgo. Pero no lo es el hecho de que mi gotera cerebral no sea algo particular, sino al contrario, algo común que sufro al igual que muchas otras personas. He pensado que tal vez se deba a algún nombre muy conocido, de persona o de lugar, que se apellide “de Miguel”, pero lo más cercano que he encontrado es la barba blanca de Miguel de Unamuno. La coincidencia es tan frágil que no me parece suficiente para explicar esta extraña confusión, así que acabo admitiendo que sus padres, al nombrarla, dieron con una tecla defectuosa que hay en nuestra memoria, en una exhibición de un talento cercano, pero invertido, al que tienen esos músicos capaces de componer canciones pegadizas sin parar. Pues si somos incapaces de sacarnos de la cabeza esa canción pegadiza que sólo hemos escuchado una vez, también somos incapaces de sacar de nuestra cabeza ese “de” de Luna, así lo hayamos imaginado una sola vez.

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2 comments

  1. Entonces tendré que leer a Luna, al menos para que parezca que estoy al día. No sé si me apetece mucho, así es el ser humano, que a veces no sabe lo que quiere… sólo a veces. Hay una cosa que sí sé que quiero: seguir leyéndote.

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