Mi hígado que te quiere tanto

Este poema lo escribí hace como dos años, cachondo perdido. Llevaba mucho tiempo pensando en si compartirlo o no con ustedes. Al fin, el aburrimiento de esta tarde dominguera me ha animado. No creo que pueda mejorarlo.

Yo me bebí los vasos de ginebra
en los que decías que te ahogabas.
Ahora mi hígado procesa el alcohol
que tus brazos no nadaron.

Ahora sé por qué te quiero tanto.
Porque te quiero con mi hígado.
Llevo dos kilos de amor
en el centro de mi cuerpo.

Dos kilos de mí
que en el centro de mi cuerpo
no dejan de pensar en ti.

Cuando te veo, me emborracho,
cuando me emborracho, te veo.
Y si te acercas,
mi hígado palpita más fuerte.

Tengo el hígado castiado como un boxeador.
De alcohol, por los vasos que me das.
De amor, por los besos que me niegas.

Los dos bebíamos cerveza
deshojando un tiempo de horas muertas
pero sólo mi hígado procesaba
el amor que bebíamos los dos

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