Las aguas del molino

Lo que va a continuación es una prueba de lo que pasa cuando empiezas con una broma y acabas creyéndote

El historiador trabaja en el pasado, inmerso en él. Así que para el historiador el pasado es el presente. Su presente. Se dice que los periodistas son los primeros en escribir la historia, luego consideremosles una clase especial de historiadores. Pero los periodistas trabajan inmersos en el presente (de hecho, en el riguroso presente, o sea, en la actualidad). Si para un historiador el pasado es el presente, podemos inferir que el presente, desde la óptica del historiador, es el futuro. Luego desde esa misma óptica, el periodista es el historiador del futuro. Concepto sorpresivo por la paradoja que implica recopilar información de lo que todavía no ha pasado. Por último, los futurólogos o adivinos tendrían como presente lo que llamamos futuro. Desde el punto de vista del historiador que trabaja con el pasado, el adivino trabaja con el post-futuro: lo que vendrá después de que venga el futuro. Lo que quiere decir que al historiador se la trae al pairo lo que el futurólogo o el adivino tengan que decir. Y en eso, el historiador se parece a la mayoría de la gente.

El historiador no sabe si agua pasada mueve o no molino, pero sabe que agua que aún no ha llegado no mueve molino.

Porque para el historiador, un fenómeno es presente por los efectos que posteriormente causó. Éstos son los que le dan sentido y relevancia. Se acerca a ese presente que ya es pasado por medio de las causas que provocó. Por el contrario, para el periodista, el presente sí es presente en sí mismo y su análisis no requiere esperar a las causas que desencadene. El periodista se acerca a un fenómeno directamente.

El futurólogo o adivino encuentra el interés en el futuro, no por las causas que provocará (porque eso es más futuro) ni en sí mismo (porque el futuro no es nada en sí mismo, pues aún no es), sino en la ventaja que (supuestamente) supone para uno conocer su futuro. Pero éste no es un interés que justifique un punto de partida desde el que proponerse elaborar un conocimiento (¿y tal vez con el tiempo una ciencia?), sino que es un interés puramente humano, mortal podríamos decir: el de prepararse con antelación para la que va a caer.

 No es además un interés que justifique un conocimiento porque no encuentra/propone un medio o sistema por el que alcanzarlo. Para el historiador el suceso adquiere relevancia por los efectos que luego causó, luego a través de ellos podemos acceder a conocerlos. Es decir, el historiador adquiere conocimiento documentalmente. Para el periodista el suceso que acontece ahora tiene una existencia innegable, su relevancia nace de su participación de la realidad (aunque esto es engañoso y daría para otra reflexión), luego apelando a la realidad del fenómeno que ocurre en el presente (lo que normalmente entendemos por presente) podemos acceder a su conocimiento. Es decir, acercándonos a él. Es decir, materialmente.

Pero ¿cuál es el medio por el que se accede al conocimiento del futuro?

La respuesta en la siguiente entrega. Si el futuro quiere.

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