A qué huele la breva

Iba a publicar aquí una entrada, dando luz a un texto que escribí por noviembre pasado a partir de un sueño que tuve. Ná, una chorradilla ñoña, pero bonita que quería compartir, por esa extraña disposición que tengo últimamente a que la gente me lea. Porque así como antes me avergonzaba que me leyesen, porque sentía que la gente podría adivinar las costuras de mi comportamiento, los escondrijos de mi vida íntima y esas cosas, ahora me importa menos. Puede ser que haya aprendido que no soy tan especial ni tan diferente a nadie más como para creer que mis movidas le conmueva a alguien. O puede ser que haya decidido que el valor estético de un texto (incluso de los míos) debe ser más valorado que la fragilidad a la que nos exponen.

El caso es que me he metido en el panel de control, o como se llame desde donde se publica entradas en un blog, para pegar el texto en una entrada, cuando me he fijado en la gráfica que queda a la derecha de la pantalla. Esta gráfica marca las visitas diarias en el blog. Éstas son paupérrimas, como sabéis. Debajo de la gráfica se enumeran algunos datos, como las entradas más visitadas últimamente. Pero lo que me ha llamado la atención es averiguar que alguien, en algún momento, llegó a mi blog buscando en google “a qué huele la breva”.

No voy ahora a ponerme a valorar qué tipo de persona busca en google a qué huele una breva, ni a conjeturar sobre qué tipo de droga se había metido en el momento en que buscaba en google a qué huele ese fruto que en este blog veneramos. Éste no es un blog sobre brevas en sí (no tengo valor para ello), así que no me siento responsable de que esa persona siga en la ignorancia sobre el olor de las brevas. Sin embargo, no puedo evitar que me dé algo de penita. He decidido que no puedo permitir que mis lectores no sepan a qué huele una breva. Así que voy a improvisar aquí un poema sobre el olor de las brevas, sobre lo que me evoca a mí este fruto. Esto es un poco experimental, así que pido disculpas adelantadas si el “valor estético” del poema no alcanza los cánones que mi selecto público está acostumbrado:

A QUÉ HUELE LA BREVA* (dedicado a la persona que entró en mi blog intentando averiguarlo)

La breva, amigo, huele a azúcar.

La breva huele a savia que la hizo nacer.

Huele a sol, y a polvo.

A inmensidad de higuera cerrada en un puño.

A improvisado banquete.

Huele a agua, a tierra, a jugo, a vida.

Huele a cena familiar con las ventanas abiertas.

Huele a hermana mayor.

Huele a hojas, huele áspero.

Huele a campo y a pueblo de verano.

Huele a descubrimiento de infancia.

Huele a descanso, compañía y felicidad.

Huele como huelen todas las cosas buenas de la vida.

Que huelen más al recordarlas, que al ser comida.

 

Espero haberos ayudado. Un saludo.

 

*entendemos por breva fruto de la higuera y no coño.

 

Anuncios

3 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s