Carta a mi amigo asceta

Amigo asceta,
¿aún duermes sin almohada
debajo de tu cabeza?
Te cuento:
Sigue pasando el tiempo
también sin ella.
Pude tenerla,
pero decidí matar mi corazón
a golpes sobre la acera.
Y volví a la maldición
de mi rostro en todos los espejos,
de mis palabras como piedras [ajenas]
de mis labios en paro,
de mis ojos extraviados.
Y ahora siento el pinchazo
de Soledad en el pecho
cuando de madrugada veo el tiempo
pasar también sin ella.
Amigo asceta:
Ni tú tienes almohada,
ni yo con quien compartirla.

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