Días, y noches, y otra vez

Odio el paso del tiempo. Odio notar en mi piel y en la mirada de mis ojos cómo el tiempo se resbala entre mis dedos como arena fina sin que pueda hacer nada con él. Sin que ni un grano de esa arena quede entre los pliegues de mis palmas. Odio el paso de los años, meses, semanas y, sobre todo, de los días. ¿Quién le da a los días permiso para irse tan rápido?, ¿quién deja a los putos días transvertirse en putas noches?

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4 comments

  1. Yo también lo odio. No solo en la caída de la piel alrededor de los ojos, y en las manos. Sobre todo lo odio en el calendario, en las agendas y en el pensar. Ya es dos mil once y yo siempre dije que mil novecientos noventa y ocho sería mi éxtasis.
    Y el tiempo pasa y los días pasan y ¿cuántas noches habremos pasado fuera?
    Sí, el paso del tiempo es una auténtica mierda.
    Yo firmaría para que siempre fuera dos mil once.
    Y siempre todo fuera (porque es lo que importa) como ahora
    (aunque, ¿es así como tiene que ser? Claro que no).

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  2. Pues yo voy a decir que no lo odio. Incluso me gusta. Lo miro con optimismo, el tiempo va pasando para dar paso (valga la redundancia) a tiempos puede que hasta mejores. Y si no son mejores, al menos hay que llegar pensando que lo serán. Voy a tener muchos años por delante para maldecir el tiempo, así que por el momento me obligo (con mucho gusto, eso sí) a apreciarlo. Y así deberías hacerlo tú.

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