2010

Quedan un día, una hora y veintiún minutos de 2010, según el puto relojito que han puesto los de tuenti, así que vamos a despedirnos de este año. No me gusta despedir los años, pero es una buena excusa y tengo ganas de ponerme sensible por una vez. Creo que por una vez no voy a intentar escribir bien esta entrada, dentro de mis posibilidades. Sólo me apetece deshaogarme un poco.

2010 ha sido un año de cambios, no tanto como aquél 2008, pero sí, ha habido algunos cambios. Muchos de los cambios de aquél año tan sobresaliente fueron muy importantes en mi vida, pero externos a mi. Quiero decir que transformaron en gran medida el mundo que me rodeaba, pero no me cambiaron a mí de forma directa. Los de este 2010, sin embargo son cambios llevados a cabo desde dentro de mí hacia…dentro, también. Y, por eso mismo, no estoy seguro de que sean reales, pero lucho cada día por que sea así. Toda esta mierda se traduce en que intento coger mi vida por los cuernos, sólo que a veces pierdo de vista el toro. Por lo tanto, como muchos otros, este ha sido un año en que he cavado angustiosamente en una arena fangosa en busca de mí mismo. Ahora que lo pienso, me pregunto hacia dónde hay que cavar, ¿me encontraré abajo, en lo profundo o tengo que intentar ascender para encontrar la luz, el aire fresco y, en fin, todo lo bueno? Qué pregunta más estúpida.

Este año cumplí el objetivo que me propuse cuando terminó el anterior año, pero por los pelos, y no como yo quería.

2010 ha sido año de monitores. En especial de uno, nuevo: yo. El año de mi primer campamento como tal. Guardaré el último amancer que en secreto aún me pregunto si conseguí verlo, pues el sol parecía burlarse de mí y no querer salir; guardaré también el mugido que soltaban las vacas a centímetros de nosotros, al otro lado de la lona de la tienda de campaña, y con el que me despertaban muerto de miedo. Guardaré las noches (consejos) y los días, y el “prao”. Los intentaré guardar tanto como mi memoria me lo permita. Porque 2010 también ha sido año en el que he tenido que cargar con una memoria definitivamente inane. Menos mal que en parte ya los guarde en esa otra Memoria. 2010 es el año del verano “en el que todos fuimos facóqueros”; de nuevos amigos y de viejos amigos. Hablando de viejos amigos, también he visto cambios en ellos, superficiales y profundos, pero de los que no quiero no estar al tanto. Ha sido el año de mi corto, y el de la entrevisa a Hilario, sí, hombre, en aquel reportaje que plagiamos sin saberlo; un año con pocas luces, aunque alguna hubo, como Steve y Ramona. Año del profesor muerto.  Ha sido un año con una amiga en Chile, y con una amiga otra vez aquí. También otro amigo se ha ido a otro país, y por lo tanto me quedo sin Muro de las Lamentaciones, que vosotros no sabéis lo que es, pero él y yo sí.

Año de Quijote, de Robe, de los J.B. y de Por quién doblan las campanas. Año de taller literario, con algunos frutos. Año de un Nobel de Literatura que me hizo apretar los puños de complacencia mientras comía (por cierto, año también de Pantaléon). Un buen año para Mario Vargas Llosa, joder. Aún así, año de poca escritura. Ha sido un año en el que el cine ha llamado a la puerta con más insistencia que nunca, porque ha sido el año de Peláez (chatis, narradores, sexo, putas, cine, cine, cine), y, bueno, por el corto también, imagino. Por lo tanto, año de descargas (¡menudo año para ponerse a descargar!). Ha sido un año en el que se han pirado muchos de los grandes: Delibes, Saramago, Berlanga. Aunque también vinieron otros grandes, como Metallica al Rock in Rio.

Año muy familiar. Con una comunión, y dos bodas, y dos despedidas de soltero, unas mejores que otras. Y en algunas hasta haciendo de fotógrafo, muy mal, pero bueno. El año del discurso, ¡del gran y sentido discurso que escribí y leí a mi hermano! Año para ver crecer a mis dos sobrinas, y para jugar con ellas y enamorarme de ellas (aunque eso es invariable al año pasado y a todos los que vienen). Año de dificultades en mi casa. Año de una gran fiesta en Sanse con mis primos y hermanos. Año, ya digo, muy familiar.

Año de levantarme tarde, siempre tarde; y de dejar demasiados trabajos y exámenes para demasiado tarde. Ha sido un año de pocas borracheras (pero con espacio para el fuckin glass), igual que pocos escritos; de miles de mujeres que han pasado por el metro y que quise decir “hola”; aunque sin embargo sí me hice una vez el héroe. Año de P&P. Año de ver de nuevo el mar…tras cuatro años. Año de no currar. Año que empezó con un sueño que aún recuerdo y que aún quiero escribir; y con una vuelta solitaria a través de mi ciudad solitaria.  Ha sido un año de soledad, esa viejísima compañera. Año en el que el Deseo se hace fuerte y complejo, peligrosamente complejo.

Y bueno, más o menos eso ha sido y es todo. 2010 ha sido mejor que 2009. Me alegro mucho de eso, pero la verdad es que 2009 no dejó el listón muy alto. Sólo pido que el nuevo año sea mejor que éste del que el reloj de tuenti dice que ya sólo quedan un día, diecinueve horas y treinta y ocho minutos. Feliz año.

 

P.D. No me he olvidado de La Roja. Está donde tiene que estar.

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